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Día Internacional de la Mujer: un compromiso para acabar con la discrimación en el ámbito laboral

Tamara González, diputada regional y portavoz de la Mujer del PP

'No nos hace falta valor para emprender ciertas cosas porque sean difíciles, sino que son difíciles porque nos falta valor para emprenderlas', Séneca

Hoy 8 de marzo, es una fecha simbólica que nos sirve para recordar la persistencia de la desigualdad entre hombres y mujeres.

Un día que hunde sus raíces en el movimiento social que surgió a finales del siglo XIX y que hoy permite además, reflexionar sobre los avances conseguidos en materia de igualdad, exigir cambios necesarios en la discriminación salarial existente entre sexos, una de las grandes asignaturas pendientes, y recordar al mismo tiempo a mujeres valientes que desempeñaron una función muy importante en la historia de la reivindicación de los derechos de la mujer.

En el Día Internacional de la Mujer se suscriben manifiestos en todo el mundo y en diferentes lenguas y, si bien, las palabras utilizadas se escriben distinto, en el fondo persiguen un mismo fin: lograr la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, que ambos sexos tengamos las mismas oportunidades de participar en el ámbito público y privado, igualdad en el trabajo remunerado, la cultura, la política y la vida social.

No basta, sin embargo, en este día dedicado a la mujer trabajadora, la proclamación más o menos grandilocuente, de la enunciación de unos principios sobre la libertad e igualdad de todos los españoles independientemente de su sexo, principios, que no siendo patrimonio de nadie, todos debemos compartir por encima de cualquier ideología y debemos también defender todos los días del año.

Porque al margen de reivindicaciones necesarias en un día tan trascendente como es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, la realidad se impone, y aunque existen múltiples normas vigentes tanto en Europa - como en España, que propugnan la igualdad y condenan la discriminación de sexo entre hombres y mujeres en el ámbito laboral. La mayoría de las mujeres trabajadoras se encuentran al margen de los puestos de decisión y desarrollan profesiones feminizadas en sectores muy concretos de la economía, lo que sin duda esta contribuyendo al deterioro de los salarios y a unas menores oportunidades de promoción laboral.

Es evidente, que no se ha cumplido una de las previsiones contenidas en la Ley de Igualdad respecto de la presencia equilibrada de mujeres y hombres en los nombramientos y designaciones de los cargos de responsabilidad de la Administración, así como en los órganos de dirección de las empresas. Ilustran esta afirmación algunos ejemplos publicados por distintos organismos oficiales : las empresas del Ibex-35 sólo tienen un 2,5% de mujeres en sus consejos de administración; las mujeres representan el 13,7% del total de catedráticos de la Universidad, el 35% de profesores universitarios y sólo hay 8 mujeres rectoras de Universidades; el 70,8% de los empresarios son hombres , frente al 29,2% de mujeres; sólo el 6,6% de las mujeres gana más que sus parejas; las mujeres representan el 36% y 41% respectivamente de los Diputados en el Congreso y Parlamentos Autonómicos; sólo el 14,6% de las mujeres son alcaldesas en el conjunto de Ayuntamientos de nuestro país; sólo hay 1 presidenta de los Tribunales Superiores de Justicia, frente a 16 hombres y en los Órganos Constitucionales , como el Consejo de Estado sólo el 6,9% son mujeres, frente 93,10 de los hombres.

Por el contrario, el 83% de las personas que cuidan a una persona dependiente son mujeres, por cada hombre que abandona su puesto de trabajo por razones familiares, lo hacen 27 mujeres, que emplean una media de cinco horas en el trabajo doméstico frente a una hora y 37 minutos de los hombres.

Para conseguir el irrenunciable e histórico objetivo de erradicar un modelo social patriarcal y consolidar un sistema democrático en el que el sexo no siga siendo un motivo de discriminación, debemos empeñar nuestro esfuerzo en exigir el cumplimiento de los mandatos legales, poniendo en marcha al mimo tiempo los mecanismos de control necesarios para el efectivo cumplimiento de éstos, evitándose con ello una realidad social contrastable: la efectiva segregación horizontal y vertical aún existente entre sexos en el mercado de trabajo.

Precariedad laboral, no superada en tiempos de bonanza, que en estos momentos de grave crisis económica, hace que las mujeres sean mucho más vulnerables, como lo prueban los últimos datos difundidos por la Unión Europea y relativos a la discriminación de la mujer en el mercado laboral: la mujeres en España ganaron en 2007 un 17,6% menos de media que los hombres.

En el último año la tasa de desempleo femenino se ha incrementado en cuatro puntos, situándose en la actualidad según la encuesta de Población Activa del último trimestre del año 2009, en el 19,07%

La tasa de empleo de los hombres en nuestro País es del 66,34%, mientras que la de las mujeres es del 53,27%, muy lejos del objetivo del 60% del empleo femenino fijado por la Unión Europea en la Agenda de Lisboa para el año 2010.

Nos queda un largo camino por recorrer , nos enfrentamos a una crisis económica sin precedentes en la historia de España, lo que no debe ser obstáculo para seguir luchando por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres: potenciando la actuación de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social referida al control y fiscalización de la discriminación por razón de sexo; intensificando la vigilancia y aplicación del régimen de sanciones en el orden social a aquellas empresas que no elaboren y/o cumplan los planes de igualdad según se establece en el artículo 45 de la Ley de Igualdad ; fomentando el empleo femenino con el objetivo de alcanzar las tasas de empleo establecidas por la Unión Europea en la Agenda de Lisboa; estableciendo políticas de conciliación de la vida laboral y familiar y evaluando en su conjunto los resultados en materia de igualdad de género.

La lucha que muchas mujeres han encabezado a lo largo de la historia a favor de una sociedad más justa y equitativa, ha logrado alcanzar metas impensables; sin embargo, seguimos asistiendo a importantes diferencias injustificadas que es necesario eliminar, un objetivo posible, que exige la intervención de los poderes públicos desde la óptica del impulso de medidas de acción positiva de prevención, vigilancia y concienciación social. Es de justicia social que las mujeres tengan los mismos derechos y oportunidades que los hombres.

 

Artículo de opinión publicado el 8 de marzo de 2010 en www.claudioacebo.com

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