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El porvenir de nuestra autonomía

Tribuna de opinión de la presidenta del Partido Popular de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, publicada el sábado 3 de febrero en el Diario Montañés

 

Al celebrar los 36 años de la entrada en vigor del Estatuto de Autonomía para Cantabria, debemos combinar nuestra satisfacción por el amplio autogobierno, de dimensiones verdaderamente históricas, con el examen del camino recorrido y los retos que tenemos ya planteados como comunidad singular dentro del proyecto de España y de Europa.

En todos estos años, Cantabria ha pasado a gestionar una gran parte de su trayectoria, a través de competencias fundamentales como la sanidad, la educación y la cultura, los servicios sociales, la ordenación del territorio y el medio ambiente, la industria y el turismo, la ganadería y la pesca, las obras públicas en nuestra comunidad, las políticas de fomento del empleo, y así hasta completar el catálogo de capacidades legales actualmente ejercidas por nuestras instituciones autonómicas. Para esa gestión, el electorado cántabro elige un Parlamento, del que emana un presidente que, a su vez, designa un Gobierno.

Así, desde el compromiso total con una España mejor, los cántabros hemos ido desarrollando la autonomía y alcanzado un margen de decisión que apenas tiene comparación con ningún otro momento de la historia, y desde luego no en la de los últimos quinientos años. Por lo tanto, debemos felicitarnos por la consolidación de esta nueva manera de trabajar por el futuro de nuestra tierra, en un estado democrático articulado por comunidades, ayuntamientos y administración central.

La larga recesión económica vivida en España desde 2008 hasta 2014 puso en graves apuros a nuestras instituciones autonómicas, que salieron adelante porque existía estabilidad política y un programa claro de los esfuerzos que era necesario hacer no solo para lograr la recuperación, sino también la viabilidad de servicios públicos fundamentales, con cuyos valores todos estamos comprometidos como ciudadanos. Esto se logró con un alto nivel de solidaridad y comprensión por parte de todos.

Sin embargo, como no dejan de proclamar cada día los agentes económicos y sociales y numerosos expertos, existe la sensación generalizada en Cantabria de que aquel esfuerzo colectivo no ha sido continuado por una recuperación rápida, en consonancia con la del conjunto de España. Una y otra vez, nuestros datos de crecimiento económico o de empleo nos sitúan en el vagón de cola de la recuperación, mientras las cifras sobre la evolución demográfica muestran un horizonte social no precisamente luminoso. De esta manera, la pregunta por la economía, el trabajo o la población se convierte naturalmente en esta otra: ¿qué puede y deber hacer la autonomía, que no esté haciendo ahora?

Creo que nuestra autonomía posee un futuro brillante si sabemos trabajar con buena planificación, activa coordinación y mucho diálogo. Hay tres preguntas a las que tenemos que dar respuesta, porque en caso contrario el panorama puede discurrir de crecimiento lento a la decadencia rápida.

La primera pregunta es qué podemos hacer como autonomía para acelerar el crecimiento económico y crear empleo de calidad. Las leyes presupuestarias aprobadas en la actual legislatura son un despropósito. En euros constantes de 2015, es decir, si descartamos el efecto de la inflación, ahora el gasto es menor, fundamentalmente por el recorte en inversiones y ayudas a los que invierten, y el ingreso resulta mucho mayor, esencialmente vía impuestos. Los cántabros contribuyen más para recibir menos. Y la consecuencia de estas políticas es minar el crecimiento de los negocios y de los empleos. De hecho, estamos destruyendo empleo de un año para otro, ¡en plena recuperación! Todavía hay menos ocupados en la industria de los que había en 2014. Y así podría citar un sinfín de cifras que vienen todas a decir lo mismo: hay que cambiar el chip, hay que dejar atrás el desgobierno actual y tomarse en serio el futuro de la región, con criterios serios y pragmáticos, sin radicalismos ideológicos ni utilización torticera de fenómenos como el transfuguismo. Los tres protagonistas sociales de la Concertación (sindicatos, empresas) no pueden ser más claros en su descontento ante lo que estamos viviendo.

La segunda pregunta es qué podemos hacer como autonomía para garantizar a medio y largo plazo instrumentos de solidaridad y bienestar como las pensiones, la sanidad, la educación y los servicios sociales. El Gobierno de Cantabria, que no tiene mayoría parlamentaria ni representa por tanto una opinión suficientemente mayoritaria de la región, está negociando un nuevo modelo de financiación autonómica a espaldas de la oposición, cuando debería ser una tarea de consenso. No hay ninguna reflexión seria sobre las necesidades a medio plazo de los servicios vitales, solo gestos demagógicos y a veces compromisos no sustentados en ningún estudio riguroso y válido. No hay horizonte claro ni hoja de ruta para ningún servicio esencial. Esto debería rectificarse de inmediato, buscando consensos y poniéndose a trabajar.

La tercera y última pregunta es qué podemos hacer como autonomía para hacer de Cantabria una región más innovadora y más sostenibles ambientalmente. Nuestra dimensión no favorece la innovación: multinacionales con sus laboratorios fuera, y pymes sin recursos para la investigación, tal es nuestro paisaje. Por otro lado, contamos con un entorno universitario de alto nivel científico, pero con el reto de una mejorar enorme en la transferencia del conocimiento, tanto en patentes como en incentivos a las start-up. Ahí todavía nos queda mucho trabajo, que el actual Gobierno no atiende, porque no es solo cuestión de presupuestos, sino del modelo de innovación, de los incentivos al capital riesgo, de la formación de ámbitos avanzados.

Al mismo tiempo, a este Gobierno se le va a pasar toda la legislatura en borradores de estrategia contra el cambio climático, mientras la naturaleza sigue cambiando aceleradamente su comportamiento a causa del impacto de nuestras actividades. Hay un fracaso sin paliativos en energías renovables y eficiencia energética, en protección del litoral frente a futuros ascensos del nivel del mar, en fomentos de hábitos de consumo que optimicen agua y tierras agrarias, en ayudar a que nuestra industria supere unos umbrales ambientales que cada vez será más exigentes, y así un largo etcétera de cuestiones que son trascendentales para Cantabria, pero ahora se desatienden.

Cumplimos 36 años como autonomía. Ha habido notables realizaciones en este periodo, pero seamos conscientes de que o cambiamos la manera de afrontar los desafíos presentes, o los próximos cumpleaños no serán tan optimistas como a todos nos gustaría. Cantabria ha ido a mejor cuando se ha gobernado mejor. Esa es la lección.

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